Bogotá D. C. 11 de febrero de 2026 - Oficina de Comunicaciones HUN -
Mujer y ciencia, un enfoque distinto para entender la complejidad de la salud.
En Colombia, la ciencia no siempre avanza en línea recta. A veces lo hace desde los márgenes, desde la experiencia cotidiana, desde preguntas que nacen en la práctica clínica o en la intimidad del cuidado. En ese territorio, donde lo personal y lo científico se cruzan, muchas mujeres han encontrado una forma distinta de mirar los fenómenos que investigan: una mirada sistémica, atenta a los vínculos, a los contextos y a las consecuencias humanas de cada hallazgo.
Sonia Patricia Carreño Moreno, investigadora del HUN y docente de la Facultad de Enfermería UNAL no llegó a la investigación desde un laboratorio distante, sino desde una experiencia vital que marcó su trayectoria. Antes de formular hipótesis o diseñar instrumentos, fue cuidadora de su madre durante un proceso de cáncer. Allí, en la rutina del cuidado, identificó algo que la ciencia rara vez nombraba: el impacto emocional profundo que asumen quienes cuidan, casi siempre en silencio. “Nombrar el rol del cuidador”, insiste, “es el primer paso para reconocerlo como sujeto de cuidado”. Esa idea se convirtió en el eje de su trabajo académico e investigativo.

Desde la enfermería y la docencia, Sonia ha desarrollado investigaciones centradas en el cuidado familiar de personas con enfermedades crónicas, incluyendo cáncer, patologías neurodegenerativas y población infantil. Sus estudios han evidenciado la relación entre el rol de cuidador y la presencia de ansiedad, depresión y sentimientos de soledad. Lejos de analizar estas variables de forma aislada, Sonia comenta que su enfoque propone entenderlas como parte de un sistema, donde la enfermedad afecta al paciente, pero también reconfigura la vida emocional, social y mental de quien cuida.
Cuando le preguntamos sobre sus aportes más relevantes, de manera decidida contesta que ha sido demostrar que el cuidado no es solo una tarea práctica, sino una experiencia compleja que impacta la salud mental. Según ella, al visibilizar esta realidad, sus investigaciones han abierto la puerta a políticas, programas y estrategias de apoyo que reconocen a las personas cuidadoras como una población que también necesita atención. En su trabajo, la ciencia no se limita a medir; busca comprender y, sobre todo, humanizar.
Esa misma lógica atraviesa la trayectoria de Laura Estefanía Arenas, investigadora y médica neuróloga del Centro de Referencia para el Tratamiento de la Esclerosis Múltiple del Hospital Universitario Nacional de Colombia. Su motivación para investigar no surge de la teoría abstracta, sino del contacto directo con los pacientes. Cada consulta, explica, le plantea preguntas sin respuestas claras y decisiones que pueden cambiar el curso de una enfermedad crónica y compleja como esta enfermedad huérfana.
Para Laura, investigar es una extensión natural de la práctica clínica. Sus líneas de trabajo se enfocan en el diagnóstico oportuno, las barreras de acceso, el seguimiento de la progresión de la enfermedad y el análisis del impacto de los tratamientos en la evolución clínica. Investigar nos ha llevado no solo producir conocimiento, sino a generar evidencia aplicada que permita una atención más personalizada, oportuna y ajustada al contexto real del sistema de salud colombiano, comenta Estefania.

En áreas como la neurología y las enfermedades crónicas, señala, las mujeres no solo participan: lideran equipos, producen conocimiento y promueven cambios en los modelos de atención. Reconocer ese liderazgo no es un gesto simbólico, sino una forma de fortalecer la ciencia y ofrecer referentes para las nuevas generaciones de profesionales.
En el trabajo investigativo de Laura Estefanía Arenas, la esclerosis múltiple aparece como un fenómeno clínico, biológico y contextual que no puede explicarse desde una sola variable. Sus estudios exploran, por ejemplo, los hallazgos en resonancia magnética cerebral en crisis hiperglucémicas no cetósicas, así como las consecuencias de un diagnóstico tardío de esclerosis múltiple en países de baja prevalencia, donde la sospecha clínica suele retrasarse. Otras líneas se enfocan en la validación de pruebas funcionales y su comparabilidad con instrumentos de administración autónoma, buscando medir con mayor precisión la progresión de la enfermedad desde la experiencia del paciente. Su investigación también aborda patologías asociadas a anticuerpos contra la glicoproteína de mielina de los oligodendrocitos, la influencia de la estacionalidad y las características clínicas de la esclerosis múltiple en un país ecuatorial, y la prevalencia de infección latente por tuberculosis en personas con esclerosis múltiple en contextos endémicos. En conjunto, estos estudios construyen una visión sistémica de la enfermedad, donde el entorno, el sistema de salud y las condiciones epidemiológicas locales son tan relevantes como los hallazgos neurológicos.
Sin embargo, su mirada sistémica también incluye los desafíos. Laura identifica brechas estructurales que afectan a las mujeres investigadoras en Colombia: menor acceso a financiación, dificultades para llegar a posiciones de liderazgo y una distribución desigual de las tareas de cuidado que reduce el tiempo disponible para investigar y publicar. A esto se suman mayores exigencias para demostrar capacidades y una visibilidad limitada de los aportes científicos, incluso cuando los méritos son comparables.
Sonia y Laura al igual que otras 41 investigadoras HUN contribuyen a que la ciencia vaya más allá de los resultados medibles. Su aporte está en la forma de formular preguntas, en la capacidad de conectar variables que antes se analizaban desde otra mirada y en la decisión de situar la investigación dentro de la vida real de las personas. En un país diverso y desigual como Colombia, esa mirada sistémica no es un complemento: es una necesidad, comenta Sonia, al referirse a los retos de la investigación en Colombia.
Conmemorar el Día Mundial de la Mujer y la Niña en la Ciencia es, también, reconocer que la ciencia cambia cuando se observa desde otros ángulos. Y que muchas de esas miradas, atentas, complejas y profundamente humanas, siguen siendo lideradas por mujeres que investigan no solo para saber más, sino para comprender mejor.
En el Día Mundial de la Mujer y la Niña en la Ciencia, la visión de Sonia y Laura permiten entender cómo esa perspectiva transforma la investigación en salud en el país, ampliando el foco más allá del diagnóstico o el tratamiento, para comprender los entramados sociales, emocionales y estructurales que rodean los fenómenos de la investigación en el país.
(Por: fin/JGJ/ )